Un ejército invasor de guerrerenses se apodera de Cuilápam en Oaxaca

CUILÁPAM, Oax., 14 de febrero de 2020.- Cosas del subdesarrollo, de la pobreza, pero en este llano seco, a punto de entrar en llamas, aquí todavía es invierno aunque todo al rededor parezca un infernal verano. Esta mañana en un valle bañado de sol en este municipio de Cuilápam, antes de Santiago, hoy de Guerrero, un Cabildo histórico, por primera vez sin ningún concejal del PRI, otorgó la investidura al gobernador de Guerrero, el priísta Héctor Astudillo Flores de “visitante distinguido” en el marco de la conmemoración del 189 aniversario luctuoso  de “nuestro general” Vicente Ramón Guerrero Saldaña que dio nombre a esta rebelde entidad sureña. El gesto de hermandad fue devuelto con la entrega de una escultura de bronce realizada por el escultor calentano Miguel Ángel Rivera entregado por el gobierno de Guerrero al pueblo de Cuilápam. A espaldas del añejo monasterio donde nuestro héroe, nuestro personaje sureño, ninguneado por la historia oficial, negro blanqueado por los narradores de la versión de los vencedores, fue fusilado sin juicio por una guardia pretoriana al servicio de los conservadores imperiales. Mientras se prepara el ambiente para la ceremonia oficial atiborrado de trajeados al rededor del hombre que gobierna Oaxaca, Alejandro Murat, un criollo blanco que no se parece a los hombres de aquí, en el que ni su partido gobierna este municipio, la música de la banda suena a Oaxaca, una marcha fúnebre, en honor de este personaje digno para una historia cinematográfica del estadounidense Spike Lee. Señala su biógrafo Herminio Chávez Guerrero, nos recuerda Astudillo Flores en su discurso, que “aquel joven de 27 años, delgado, de mediana estatura, musculoso, moreno, de facciones finas, de nariz más bien recta, de ojos llenos de vivacidad, de mirada fija y de frente, característica de un corazón abierto a la nobleza, de grandes patillas y pelo revuelto, se hizo soldado insurgente en el pueblo de Tecpan, lugar nativo de los Galeana, el 7 de noviembre de 1810, fecha de la llegada de Morelos a aquel lugar”. Y como dice alguien por ahí, no hay historia verdadera porque el pasado es una disputa entre las partes contrarias, lucha de clases pues, quiero contar lo que dice la gente de nuestro personaje, sin pretender ser un árbitro en esta contienda, en esta disputa histórica, y mucho menos imparcial, dejo los trazos sobre la vida de este hombre al que le debemos, aún todo, comenzando con el reconocimiento histórico que se merece. Y camino como extranjero en mi tierra. Cuilápam, al pie de la sierra, lugar donde la historia de Guerrero se quedó ahí entre las montañas, comenzó el mito, inició el corrido. Aunque no he sabido que Vicente Guerrero tengan un corrido hecho por los compositores de los estados de Oaxaca o de Guerrero. Sólo el bélico himno del estado de Guerrero, como la salva en su honor disparada por un batallón del Ejército mexicano hoy aquí. Después de la profunda reflexión histórica del discurso del gobernador Héctor Astudillo, aquí en la tierra de la danza de la pluma, vinieron las palabras del discurso del mandatario estatal anfitrión, palabras que fueron arrastradas por el viento, contrapuestas a la polvosa y caprichosa realidad de los cien años de soledad de esta entidad. Las dos esculturas del general con que cuenta Cuilápam han sido regaladas por Guerrero. La primera, en 1966, por el gobernador Raymundo Abarca Alarcón, la que se encuentra en el ex convento de esta ciudad  donde fue recluido y fusilado el prócer. La otra, desde hoy, donada por el gobierno que representa Héctor Astudillo, y que fue colocada en la plaza central frente al palacio municipal. Vicente Guerrero, detenido en El Fuerte de San Diego de Acapulco fue trasladado en un bergantín y llevado hasta Huatulco, para después ser arrastrado como un delincuente hasta esta tierra de la danza de la pluma donde se consumó el magnicidio. Crónicas de la época, recordó Astudillo, “refieren el sigilo y la extrema seguridad con la que trasladaron al caudillo desde las costas de Oaxaca hasta Cuilápam, por el temor que tenían sus captores de que fuese liberado por los pueblos, que a su paso lo recordaban con aprecio”. Tanto era su prestigio que tuvieron que secuestrarlo de la forma más artera, temerosos de que con uno solo de sus llamados se levantara la nación contra los traidores de la naciente república. Minutos antes de las 12 del día fue desvelada la nueva escultura de bronce que en una mano porta una espada y en la otra un pedazo de una cadena libertaria. Un ejército invasor de guerrerenses, autoridades y representantes populares, se apoderaron de la plaza de Cuilápam para beneplácito de los cuilapeños y de los oaxaqueños. Cosas de la historia, cosas de la política, hermanados por un hombre que es de los dos estados.