Los funerales de Papá Grande a 101 años de lucha y felicidad

Misael Habana de los Santos

Chilpancingo, ciudad de plantones y bloqueos, quedó parcialmente paralizada en su ritual habitual de rebeldía.

Fue el efecto provocado por la muerte de un viejo rebelde que muchas veces convulsionó a esta ciudad en nombre de la justicia, la revolución, el socialismo y la libertad.

Después de la hora de la muerte de don Pablo Sandoval Cruz, el pasado lunes en la madrugada en la capital del estado, volvieron las réplicas desestabilizadoras a la ciudad, donde según la voz popular sólo “se va borracho o de gobernador”.

Este martes, muchos amigos, compañeros de lucha, camaradas ideológicos, también fueron a “sembrar” al amigo en el Panteón Municipal: a plantar en tierra fértil la semilla de la rebeldía.

La primera acción que desestabilizó ayer la vida cotidiana se sintió en el mercado de la ciudad. Al mediodía los floristas de la comarca pusieron el grito en el cielo y aprovecharon para hacer su agosto apenas en enero: desaparecieron las flores blancas, desde las rosas, nubes, gladiolas, azucenas y duplicaron su precio de acuerdo con la ley de la oferta y la demanda.

Los comerciantes más previsores, para dar respuesta a la emergencia, pidieron a sus proveedores de los pueblos cercanos estructuras de madera y bejucos con los que se arman las coronas y respondieron, más o menos, a la demanda.

Algunos clientes desesperados solicitaron coronas y arreglos florales para la ceremonia mortuoria a Iguala y Acapulco. Una inusual demanda de flores blancas activó la decaída economía local.

Un reportero de la prensa chilpancinguense, a las 9 de la noche del lunes, hizo un recuento parcial y habló de más de 100 coronas, algunas enviadas por funcionarios federales, gobernadores, como la del junior que desgobierna Oaxaca, Alejandro Murat. Del gobernador Héctor Astudillo y su esposa; funcionarios del gobierno del estado, presidentes municipales, senadores, diputados, regidores, políticos en activo y desempleados, ex gobernadores y oportunistas que enviaron arreglos florales y se dejaron ver en el funeral que convirtieron en una prolongada pasarela política.

Todas estas coronas fueron puestas como en una valla vegetal de rosas desmayadas por el sol de mediodía, recargadas en tumbas de  personajes desconocidos, hasta llegar a la humilde sepultura de cemento en que se encuentran sepultados varios miembros de la dinastía Sandoval.

Y como los muertos no mandan, el cuerpo del ateo y comunista, intoxicado de filosofía marxista, fue introducido al espacio de la ideología y el control social. Una lluvia de agua bendita lo bañó al entrar al templo católico.

En la Catedral de Santa María de la Asunción, lugar donde hace un poco más de 200 años se dio a conocer la Constitución que fundó a México como estado nacional, el obispo Salvador Rangel Mendoza ofició una misa de cuerpo presente.

El prelado exaltó la vida, la lucha del médico y profesor que luchó por la autonomía universitaria de la hoy Uagro y llamó a luchar por la justicia y contra la corrupción.

El ataúd, cubierto con la bandera del Partido Comunista Mexicano al salir de la Catedral y cargado por los nietos del luchador social, entre ellos, el delegado del gobierno federal, Pablo Amílcar Sandoval y el diputado Moisés Reyes Sandoval, fue trasladado al kiosco del Zócalo donde líderes de organizaciones sociales lo homenajearon.

Allí se levantó el puño izquierdo y se cantó la internacional, cuyas estrofas son desconocidas por muchos de los actuales representantes populares de Morena que sólo movían los labios como un performance en playback.

Amalia García, ex gobernadora de Zacatecas y dirigente del PSUM, discreta entre la multitud, con puño apretado cantó el himno de los comunistas.

Pablo Sandoval Cruz nació en Acatempan, Teloloapan, en 1918 y estudió en la Escuela Superior de Medicina del Instituto Politécnico Nacional (IPN), donde se graduó como médico cirujano partero. En el panteón volvieron los discursos, agradecimientos.

Hasta ahí llegó, la solidaridad verdadera como la de Roberto Hernández, dirigente sindical minero de Taxco, quien después de  cargar el féretro de su compañero de lucha, con llanto, agradeció sus enseñanzas.  

También llegaron los de enfrente, como el magistrado del Tribunal Superior de Justicia, Raúl Calvo, que más o menos le dijo al delegado del gobierno federal lo siguiente: — Su abuelo fue un gran hombre y usted sigue sus pasos. A ver si en los próximos días me da una oportunidad de platicar con usted. No pude oír más porque una banda se soltó un estridente corrido.

Un día antes, la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval dijo: “Hasta siempre Papá Grande, abuelo querido”. Muchos, muchos quedaron huérfanos, con la ausencia del patriarca que en su ataúd pidió se le colocaran: un ejemplar del periódico El Sur y otro de La Jornada Guerrero, tal vez para tener un equilibrio, entre la nota informativa y el boletín oficial.

¡Ahh! y una botella de mezcal para ahuyentar la soledad del camino hacia lo desconocido. Un coro de consignas cayó a los músicos. Después el silencio.