Lion King: la entronización del live action

Por: Allan García

La trama es sabida, aún sin conocer enteramente a su antecesora.
The Lion King, en su versión live action, no es más que una recreación de alto impacto visual y sonoro de aquel filme homónimo de 1994, considerado un clásico del cine animado.

Jon Fravreu, en su segundo intento por aterrizar al plano real una de las películas más queridas de los estudios Disney -dirigió también la sombría versión de Jungle Book, con una visión más burtonesca que jocosa-, atiza nostalgias con escenas a imagen y semejanza de El Rey León original, añade algunas líneas y ajusta otras para subsanar la inexpresividad animal de los personajes en los pasajes cómico-dramático-musicales más emblemáticos, sin alterar el rumbo ni el destino de la historia.

El león Mufasa es rey de una porción de la sabana africana; Simba, su heredero, y Scar, su hermano malévolo con sed de poder, orquesta su muerte, aliado con una manada de torpes y salvajes hienas que dominan la zona gris más allá de las llanuras.

Inspirada en Hamlet de William Shakespeare, sobra relatar la trama que envuelve a esos personajes, junto con el resto del elenco animal.

Favreu, a diferencia de El Libro de la Selva, recurre a todas las melodías originales de El Rey León animada para congraciarse con los ‘disneyfans’, muchos de ellos ya en edad adulta, aunque su adaptación a lo real impregne inevitable frialdad  al «hakuna matata» y demás entornos musicales.

El aporte de esta versión de El Rey León no es más que el recurso tecnológico muy bien aplicado: texturas, siluetas y formas, idílicos paisajes y el millar de estrellas plagadas en las noches africanas.

Las escenas de la estampida de antílopes y la batalla final entre leonas y hienas, lo más destacado visualmente. La mezcla de sonido es impecable.

Esta tendencia irrefrenable de llevar al live action sus producciones animadas -The little mermaid y Mulán son los siguientes proyectos- delata falta de creatividad en los Disney Studios para superar lo conseguido en los últimos años y un intento desesperado por no perder a un público más difícil de asombrar.